Soy vecino de este mundo por un rato
Y hoy coincide que también tú estas aquí
Coincidencias tan extrañas de la vida
Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir

Errores en la educación de los hijos

jueves, 28 de enero de 2010

Ante los días difíciles que de un tiempo a esta parte enfrento con Mariana, he acudido con mayor frecuencia a la búsqueda de consejos profesionales que pueden encontrarse en la red respecto de la crianza de nuestros hijos. Aunque seguramente tendré que visitar a un psicólogo personalmente para poder manejar mejor los efectos que el nuevo integrante de la familia muy pronto generará en mi hija. Soy una convencida de la ayuda profesional y más aún cuando se trata de un rol para el cual no se nace, sino que se hace en el diario transcurrir de la vida de pareja y como padres.

Encontré en algún sitio, que no tuve el tino de conservar, este listado de 20 consejos para educar mal a un hijo, elaborado por Alfonso Fouce, psicólogo infantil y Marc Giner, psicopedadgogo y logopeda, ambos con amplia experiencia en el tratamiento de los trastornos emocionales en los niños.

El conocimiento en el terreno de la psícología infantil y juvenil les ha llevado a enumerar algunos de los errores que los padres cometemos más frecuentemente con nuestros hijos, muy negativos para su desarrollo y equilibrio emocional. Estos son los que siguen:

  1. Comprarle todo aquello que nos pida.
  2. Darle siempre la razón cuando tenga un problema.
  3. Dejarle que hable mal, todos sus amigos lo hacen.
  4. Ponerle un televisor y/o una computadora en su habitación (con acceso ilimitado a internet por supuesto y si puede ser con la playstation).
  5. Avergonzarnos cuando hace una rabieta.
  6. No darle abrazos ni besos, ni decirle lo importante que es para nosotr@s.
  7. No exigirle en relación a la escuela ni en las tareas de la escuela.
  8. No castigarle ni llamarle la atención sobre su conducta nunca.
  9. Castigarle cada día.
  10. Que la madre le diga que no a una cosa y el padre la consienta o viceversa.
  11. Gritarle o estresarnos cada día para que haga lo que le exigimos.
  12. No jugar ni hablar tranquilamente nunca con él o ella.
  13. No establecer ni unos horarios ni unas reglas del juego mínimas.
  14. No pedirle que colabore con la casa en las cosas que están a su alcance.
  15. Permitirle las mismas cosas que a sus hermanos mayores, o prohibirles a estos porque sino el pequeño se enfada o hace una rabieta.
  16. No enseñarle unas normas y/o valores, sean del tipo que sean.
  17. Creer que nuestro hijo siempre nos miente, acabará haciéndolo.
  18. Creer que nuestro hijo es malo, acabará siéndolo.
  19. No darle buen ejemplo.
  20. No hacer lo que les decimos a ellos que deben hacer.

Personalmente, hay días en que reconozco que pierdo un poco la paciencia (ya voy casi por los 8 meses de embarazo y hay momentos en los que ni yo me soporto) otros días más son las interacciones con otros miembros de la familia que no puedo controlar (así sean bienintencionados mensajes o acciones de sus tíos o primos) o la misma influencia de sus pares en el nido. Poco a poco los padres perdemos un poco de autonomía y única referencia para nuestros retoños, y en ese transcurrir observamos con impotencia algunos cambios no agradables en la conducta de nuestros angelitos.

Como siempre, hay que tomarse la vida con menos tremendismo y pensar que estamos haciendo lo mejor por nuestros hijos si adicionamos un poco de buen humor en esos difíciles momentos. Por eso me gustaría terminar este post con un videito que me gusta mucho...

Oración para un bebé querido...

viernes, 11 de diciembre de 2009

No te conocí nunca, pero te amé.
No te tuve en brazos, como hace una madre.
Contigo enterré mis esperanzas y sueños por un hijo desconocido al que nunca vi.
Pero también enterré el amor en mi corazón y la tristeza de saber que debemos separarnos.
Y ruego a Dios que haga por ti todo lo que yo hubiera hecho.
Que guarde a mi bebé a salvo
para que ría y juegue cuando llegue la primavera.


Un amigo, 1977.


Para tí mi Yakuyurak, de tu tía Bea.
Huánuco, 3 nov. 2009

Filosofando y aprendiendo

viernes, 30 de octubre de 2009

Hace poco buscaba sin mucha esperanza, libros de comunicaciones para mis clases en la universidad, ya que toda mi biblioteca se quedó en Lima debido al poco equipaje que uno puede traer por avión hasta Iquitos. Digo poca esperanza porque como muchas ciudades del interior del país, las únicas librerías que uno encuentra están plagadas de textos piratas de bestsellers, libros escolares o títulos de autoayuda. Ese es uno de los pasatiempos que extraño de mi vida en la capital: perderme hojeando libros en las librerías, ferias de libros usados y hasta carretillas de libros de segunda que algunos señores con espíritu de bibliotecarios se apostan en los mercados de abastos.
Sin embargo, tuve la grata sorpresa de encontrar un título revelador, del editor Jorge Yarce sobre Filosofía de la Comunicación, que había sido un tema de conversación con el Coordinador Académico de la Escuela de Comunicación de la UCP quien es un sacerdote católico -con estudios de Teología y Filosofía por tanto- perteneciente a la orden de los Identes. Habíamos coincidido en un taller informativo sobre la naturaleza vocacional de la carrera y la necesidad de no sobrevalorar el saber práctico sobre el saber humanístico hoy tan marginado de las aulas universitarias en algunas instituciones. Es una tarea ardua pero pionera, sobretodo porque en esta región se asocia al comunicador como periodista (cual sinónimos) y aunque yo misma tengo estudios de periodismo, ejercer la comunicación es mucho más que hacer prensa. La mayoría de nuestros estudiantes solo tiene en mente la alternativa laboral audiovisual o periodística y algunos más el ejercicio como publicista que será una nueva especialidad a partir del siguiente semestre.
Creo que es imprescindible que los comunicadores, cultivemos mediante el estudio este carácter humanístico de la carrera, empezando por reflexionar sobre los valores y virtudes que canalizamos a través de nuestros mensajes. La praxis es importante también, pero en esa área tenemos limitaciones pues la formación moral y espiritual parte de casa y mucho antes que recibamos a los estudiantes en las aulas universitarias. Como docentes la misión es doble, pues somos los encargados de velar por esta foble formación desde que nuestros estudiantes ingresan a la universidad... como les digo siempre  a mis alumnos, cualquiera puede ser periodista, cualquiera puede escribir un blog, no hacen falta los títulos académicos... pero si tienen el privilegio de asistir a un centro de estudios superior, es una obligación casi moral leer algo de filosofía (sobretodo para combatir esa soberbia académica de algunos letrados). Después de todo, es y ha sido la madre de todas las demás ciencias.
Veremos cómo resulta la experiencia loretana, a lo mejor aquí sí podemos sembrar algunas semillas :)


Vince In Bono Malum

Vence al mal con el bien

Tocaron mi sueño...